Alejandro Gómez, “La maldición de la riqueza,”

El Nuevo Herald,

Septiembre 11, 2005

 

 

Es obvio que un holandés vive mejor que un árabe promedio. Y que un sueco vive mejor que un venezolano promedio. Se podrían hacer decenas de enumeraciones similares, pero con estas dos tan obvias basta. Basta para ver que las materias primas generan dinero y puestos de trabajo donde se usan y no donde se extraen.

 

Los países árabes y Venezuela están sobre un mar de petróleo y Holanda y Suecia no tienen petróleo ni materias primas en general. Si tienen el conocimiento para adquirirlas y transformarlas. Ese valor agregado es que el produce dinero, puestos de trabajo y estados de bienestar.

 

Venezuela es el país petrolero por excelencia del continente. Cuando uno de sus mas brillantes intelectuales, Arturo Uslar Pietri, hablaba de ''sembrar el petróleo'' quería decir que era la base para una acumulación de capital que permitiera un plan de desarrollo sólido. Porque el petróleo genera enormes cantidades de dinero, pero no puestos de trabajo en su lugar de origen.

 

Ya vimos en la década del cincuenta un fenómeno populista, el peronismo, rifar en una política distribucionista los excedentes acumulados de la renta agraria. Cuando terminaron los excedentes y la carne y el trigo perdieron valor en el mundo, cayo Perón y se llevo con el la democracia argentina. Con el tiempo volvió la democracia, pero no el desarrollo industrial y hoy el país tiene un cincuenta por ciento de su población bajo la línea de pobreza.

 

Esta semana, Andrés Oppenheimer advertía desde su columna que la exportación de materias primas estaba condenando a América Latina al subdesarrollo y la consiguiente falta de empleos.

 

Al mismo tiempo, el titular de la Federación de Empresarios de Argentina decía en una columna en el diario Clarín que solo la educación hará posible el desarrollo. Ciertamente, lo que hoy se vende es conocimiento y solamente gente educada esta en condiciones de transformar materias primas, agregándoles valor.

 

El presidente Hugo Chávez, además de hacer política con un petróleo que no es de el, sino de todos los venezolanos, ha aumentado en un 600 por ciento el gasto publico. No fomento la industrialización ni mejoro los estándares de vida de sus compatriotas. Por el contrario, los niveles de pobreza en Venezuela han aumentado pese al aumento del ingreso petrolero.

 

Chávez, simplemente, hace clientelismo para mantenerse en el poder. Con dadivas y prebendas se asegura el apoyo de los mas pobres, que son mayoría. A diferencia de Juan Vicente Gómez, que entrego el petróleo a las multinacionales sin dar explicaciones a nadie, Chávez anuncia una revolución bolivariana que llevara al socialismo del siglo XXI. Por ese camino no llegara al socialismo, porque la gente no quiere cambiar el sistema, sino disfrutarlo, ni hará de Venezuela un país industrializado.

 

Simplemente habrá perdido la oportunidad de sembrar el petróleo y como sus mentores, Perón y Castro, dejara un país empobrecido y sin instituciones. En las horas sombrías que se aproximan también habrá que recordar que si los antecesores de Chávez, desde la caída Pérez Jiménez en 1958, hubieran sembrado el petróleo, hoy Venezuela seria un país modelo.