El Mundo, Marzo 8, 2004
Ramy
Wurgaft, “PULSO AL GOBIERNO DE CHAVEZ,”
Venezuela. Algunas
de las claves para entender la crisis que ha provocado el conflicto
institucional en el que se debate la inhabilitación o la continuidad de Hugo Chávez
como presidente de la Republica
Cuando los detractores de Hugo Chávez
hablan de restituir los fueros democráticos en Venezuela como quien evoca un paraíso
perdido, tendrían que definir a que tipo de democracia se refieren.
Ciertamente, entre los anos 1959 y 1994 la transmisión del poder se llevo a
cabo -exceptuando el paréntesis de dos golpes militares- mediante un proceso de
elecciones libres. Pero los partidos que se turnaban en la presidencia, el
Partido Social Cristiano (COPEI) y Acción Democrática (AD), una coalición de
fuerzas de centro derecha, no hicieron más que envilecer al régimen
constitucional, con la repartición de regias prebendas a sus clientes y
engrosando sus propias cuentas bancarias.
La corrupción ha estado
presente en todas las etapas de la historia venezolana, pero alcanzo
dimensiones grotescas a partir de la explotación sistemática de los yacimientos
petrolíferos. Las cifras hablan por si solas:
Aun hoy, cuatro anos después de que el actual presidente proclamase la inauguración
de la revolución bolivariana, un 5% de la población acapara el 21% de la
riqueza mientras que el Estado, que flota sobre un mar de combustibles fósiles,
es incapaz de conceder vivienda digna, empleos estables y educación a los
sectores de bajos recursos. En rigor, la rapiña del erario publico se remonta a
la época del auge del cacao, a finales del siglo XIX, cuando el general Antonio
Guzmán Blanco se concedió la extravagancia de pasar la mitad de su mandato en
Paris, desde donde gobernaba a una nación con un índice del 56% de
analfabetismo y una mortalidad infantil superior al 38%.
Si comparamos el presente con
el pasado, nada nuevo brilla bajo el sol del Caribe, porque el régimen autoritario
que Chávez pretende implantar se asemeja como dos gotas de agua al del general Cipriano
Castro, otro nacionalista acendrado que llego al poder en 1989, con el propósito
de resucitar el legado de Simón Bolívar.
En 2002, poco después de que la
asonada contra el actual inquilino del Palacio de Miraflores
culminara en un fiasco, el británico Paúl Simonson,
publicaba una biografía, Chávez, el Retrato de un Caudillo, en la que atribuía
la alegría popular por el triunfo de Chávez a la "incultura cívica"
de los venezolanos.
Como podían festejar la restitución
del demagogo que fomentaba el odio en la sociedad venezolana?
Simonson compara el comportamiento
"irracional" de los chavistas con el antecedente histórico que
encarna Carlos Andrés Pérez (AD) cuyo primer mandato, entre 1974 y 1979, coincidió
con el alza sideral de la cotización del petróleo a raíz del embargo que
decretaron los estados árabes tras la guerra de 1973.
Durante su Presidencia, Pérez
se las arreglo para volatilizar los vertiginosos 85.000 millones de dólares que
las exportaciones ingresaron en las arcas fiscales. En que se iban esas sumas
de ficción? Desde luego no en mejorar las condiciones
de los habitantes de las chabolas de Caracas, que se fueron extendiendo por los
cerros que circundan a la capital como una metástasis de miseria, sin perturbar
el sueno de la clase dirigente.
De acuerdo con la visión de Simonson, una parte considerable de los ingresos por la exportación
de crudo fue a parar a los bolsillos de los contratistas cercanos al poder,
quienes edificaron 400 rascacielos y habilitaron la red de autopistas adecuándola
a los veloces automóviles que se importaban de Estados Unidos.
El dinero fácil que ingresaba
en el país a merced del boom del petróleo se utilizo para sobornar a la pequeña
pero instruida clase media, que criticaba la venalidad de los dirigentes a través
de los medios de prensa. Pérez subvenciono por ley no solo de la gasolina sino también
la educación en instituciones privadas. Al mismo tiempo, el 32% de la población
se mantenía bajo el nivel de la pobreza y el 30% carecía de agua potable o de
suministro eléctrico.
El sueno de opio en que se mecía
Venezuela ceso durante la presidencia de Jaime Lusinchi (AD) a quien le toco el
infortunio de suceder a Pérez, justo cuando los precios del petróleo cayeron en
picado. Lusinchi suprimió las migajas del festín que se habían repartido a los
pobres pero no toco la parte del león concedida a clases adineradas... En vísperas
de los comicios de 1989, los postergados buscaban angustiosamente la figura del
Mesías que le redimiese del marasmo en que se estaban hundiendo.
La bancarrota
Y en quien convergieron las
expectativas de los sufridos caribeños? En el mismo
Carlos Andrés Pérez que poco antes había conducido al país a una crisis de la
que no emerge hasta hoy! El veterano político no tuvo
empacho en prometer al público que en el plazo de unos meses, el cuerno de la
abundancia volvería a derramar sus caudales sobre Venezuela ya que los precios
del crudo repuntaban -lo cual era falso- y a que la banca internacional solo
esperaba su retorno para invertir en el país. Otra falacia, pues Venezuela,
endeudada hasta el pescuezo -debía mas de 20.000
millones de dólares a instituciones y acreedores privados- distaba de constituir un polo de atracción
para cualquier inversor en su sano juicio. Pero el benefactor de los
venezolanos no se molesto en divulgar estas verdades a las multitudes que le
aclamaban hasta que forzado por los organismos internacionales que amenazaban
declarar en bancarrota al país, Pérez tuvo que deshacer el encanto de sus
promesas, y los venezolanos despertaron un día para encontrar que la canasta de
alimentos básicos había experimentado un alza del 200%, lo mismo que el
transporte publico. Como consecuencia del encarecimiento de las materias
primas, las empresas despidieron hasta la cuarta parte del personal con lo cual
el paro llego a afectar al 25% de la población.
Aturdidos por el mazazo que el Gobierno sin aviso previo descargaba sobre
sus humildes hogares, centenares de miles de pobladores descendieron de los
cerros, desatando una ola de violencia, conocida como el Caracazo, que dejo un
saldo de mas de un centenar de muertos y un país que desde entonces vive en ebullición.
Presas del populismo
Ahora bien, se puede coincidir
con Vargas Llosa en que un gran porcentaje de los venezolanos son presa fácil
del populismo. Pero también cabria considerar que en un sistema en el cual los
dos únicos partidos de peso eran el COPEI y el AD, donde la Asamblea Nacional
(Parlamento) jamás abordo seriamente el tema de la miseria y la Justicia estaba
subordinada a los dictámenes del reyezuelo de turno, el electorado venezolano
no tenia otra alternativa que elegir entre el menor de los males y confiar en
que los encantadores de serpientes que les arengaban, algún día cumplirían con
la palabra empeñada. Tampoco es acertada la hipótesis de que los venezolanos,
son poco afectos al régimen democrático.
Cuando en 1992 el teniente Chávez
se alzo en armas para derrocar a Carlos Andrés Pérez, muchos de sus actuales
simpatizantes y la mayoría de los mandos del Ejército salieron a defender al régimen
constitucional, pese a la repugnancia que le inspiraban sus representantes.
Por lo demás fue el presidente
Rafael Caldera, un paladín de la democracia, quien dos anos después del fallido
golpe, concedió la amnistía al insurrecto, allanándole el camino hacia el
Palacio de Miraflores.
El 7 de diciembre de 1998, Chávez
gano las elecciones por una amplia mayoría echándose a las espaldas a la
decadente alianza "anticomunista" que formaron el COPEI y el AD. Que
hizo el ex oficial golpista para granjearse la confianza de sus compatriotas? Muy sencillo: nada más que seguir el ejemplo de Carlos Andrés
Pérez.
No hay nada novedoso en el
hecho de que al asumir su cargo, el actual gobernante se comprometiera a
respetar la libertad de expresión o que le haya tendido amistosamente la mano a
sus opositores para luego hostigar a los unos y encarcelar a los otros. En
Venezuela las promesas de los políticos son hojas que se lleva el viento.
Quizás los infortunios que
padecen los venezolanos se deban a lo que Juan José Olmedo, politólogo de la
Universidad de Caracas, denomina "la maldición del petróleo". A
partir de la II Guerra Mundial, Venezuela, poseedora de las mayores reservas de
combustibles fósiles del hemisferio occidental se convirtió en el quinto
exportador mundial de crudo, con una producción de 2,59 millones de barriles
diarios y lo que es aun mas significativo el segundo proveedor de los Estados
Unidos.
Por ello la Casa Blanca se
abstiene de colocar a Chávez en la misma categoría satánica que a Sadam Husein, y el líder del
Movimiento Quinta Republica no cumple su amenaza de no suministrar un solo
barril de petróleo a George W. Bush,
lo cual transforma las relaciones entre ambos gobiernos en un sutil juego de
ajedrez. "La permanente inestabilidad venezolana pende como una espada de
Damocles sobre la economía mundial", afirma Isaac Cohen, analista de
Standard & Poor's.
En febrero de 2003, tras la paralización
de Petroleos de Venezuela (PDVSA) las exportaciones
bajararon un 19%. Más de la mitad de los ingresos del Estado dependen de este
gigante, y de ahí los esfuerzos del Gobierno por controlar su dirección. Y la reacción
de la oposición, que ha convertido a la petrolera en su Estalingrado
ante lo que define como las pretensiones de Chávez de imponer en Venezuela una
replica del régimen castrista.
La abulia dirigente
Según Juan José Olmedo, marcados por la ley
del mínimo esfuerzo los gobernantes no se preocuparon de desarrollar la
agricultura en los fértiles llanos del interior, de modo que centenares de
miles de campesinos tuvieron que emigrar a los arrabales caraqueños donde se
sumaron a la legión de los parias, siempre dispuestos a servir a la causa de
cualquier líder carismático que supiese explotar su resentimiento. En su
abulia, a los próceres de esta nación tampoco se les ocurrió diversificar la
industria, así se explica que medido hacia finales del 2003, el (Producto
Interior Bruto) experimentara una caída de 27,8%, una cifra record en la
historia venezolana.
"En fin, que intoxicados
por los efluvios del petróleo, y con el avión privado siempre calentando
motores para trasladarles a algún exilio dorado en caso de que los pobres se
sublevasen, los Antonio Guzmán Blanco o Carlos Andrés Pérez ni forjaron
instituciones fuertes ni mecanismos de dialogo, como un Parlamento donde los
venezolanos para que los rivales políticos pudieran zanjar sus diferencias de
manera civilizada y no en choques callejeros", dice Olmedo.
Y plantea una pregunta que deberían
hacerse todos los venezolanos "No es sintomático que cada vez que surge un
conflicto de proporciones, los adversarios tengan que recurrir a la mediación
de la Organización de Estados Americanos, del Centro Carter
o importunar a otros estadistas para evitar un baño de sangre...
No es avergonzante que el país de donde broto
el grito libertario de Bolívar constituya un anacronismo, incapaz de
perfeccionar sus estructuras políticas, como sucede en el resto del continente?" .