26 de Diciembre de 2005
Revista: Semana
Colombia
El hombre del año
A pesar de lo anacrónico de su
demagogia, Hugo Chávez fue el fenómeno político del continente.
Hugo Chávez Frías, el presidente de Venezuela, pudo
hacer en 2005 lo que siempre había querido. En los últimos 12 meses alteró el
mapa político del subcontinente, distribuyó su riqueza petrolera por los cuatro
puntos cardinales, desafió a Estados Unidos, y de ser percibido como un payaso
tropical pasó a posicionarse como el dirigente latinoamericano de mayor
influencia global. En un mundo cada vez más interdependiente, lo que hizo el
Presidente de un país indeleblemente ligado a Colombia, tiene visos históricos.
Por todo eso, el ex comandante se convirtió en el primer hombre del año que ha
sido escogido por SEMANA fuera de las fronteras del país.
No es fácil explicar el fenómeno Chávez. Hablar de
revolución en la época de la globalización es anacrónico. Criticar al
imperialismo cuando todo el mundo quiere tener buenas relaciones con la única
superpotencia es una rareza. El proyecto político de Chávez, un seudosocialismo confuso desde el punto de vista conceptual,
jamás habría clasificado entre los marxistas de los años 60. Pero Chávez ha
logrado darle vida a este discurso, gracias al descontento que existe en el
continente por los anhelos frustrados del consenso de Washington, y gracias a
las condiciones muy particulares de la economía petrolera venezolana empujada
por un petróleo a 70 dólares por barril. Diablo o redentor, Chávez, al
finalizar 2005, es el mandatario latinoamericano más influyente en la región y
el más conocido fuera de ella.
No todo el mundo estaría de acuerdo con señalar a Chávez como personaje del
año. Pero este hecho no significa un premio, ni un elogio sin matices a todo lo
que hace y representa, sino un reconocimiento a que en el año que termina fue
el hombre que generó más impacto y tuvo más influencia. Muchos, dentro y fuera
de su país, lo consideran un loco peligroso, enamorado del poder y la popularidad,
que gasta dinero a manos llenas para satisfacer sus impulsos. Pero otros tantos
piensan que es un personaje providencial y que sólo una mente febril como la
suya, obsesiva y ególatra por momentos, es capaz de imaginar un mundo más justo
y convertirlo en realidad. Ambas posiciones pueden ser un poco ciertas y un
poco falsas, y quien quiera puede alinearse en ellas sin temor de estar
completamente equivocado. Pero, sin importar cuál se suscriba, hay que aceptar
que Chávez, por no ser nadie más que Chávez, está en la cresta de la ola
mundial.
Son muchas las razones por las cuales el Presidente
venezolano es el personaje del año 2005. Las siguientes son algunas de ellas.
Integrador
latinoamericano
Chávez cree en la idea decimonónica del Libertador
Simón Bolívar de una Latinoamérica unida y, como demostró este año, está seguro
de que es posible ponerla en marcha. Esa mentalidad mesiánica no es nueva, ni
extraña en una sociedad como la venezolana. Sus innumerables entrevistas y sus
biografías muestran que, a la luz de lo sucedido en el año que termina, Chávez
simplemente está tratando de hacer realidad su propia versión del juramento del
monte Aventino. Bolívar pasó a la historia por la
realización del sueño de esa tarde calenturienta en Italia. ¿Por qué, dos
siglos más tarde, este latinoamericano por excelencia no podría hacer lo mismo?
Chávez entendió que el petróleo es un arma política de enorme poder. Sus
ingresos por casi 7.000 millones de dólares en 2005, le permitieron aprovechar
el fracaso de la democracia partidista y la economía de mercado en América
Latina, un continente en el que, según The Wall Street Journal,
el crecimiento ha sido menor al 3 por ciento promedio en los últimos 15 años. Y
donde, por consiguiente, un vecino con plata e intenciones políticas tiene el
camino abonado para vender sus proyectos.
Y lo cierto es que consiguió hacer que sus ideas de
integración política para el continente fueran escuchadas seriamente a lo largo
y ancho de su geografía. Libre de oposición en su país, con dólares en el
bolsillo, y con su poder democrático refrendado por octava vez cuando derrotó
en un referendo la revocatoria de su mandato, Chávez se lanzó en 2005 por todo
Latinoamérica a una ofensiva diplomática sin antecedentes.
Entre otras cosas, con Cuba consolidó convenios de
canje por los cuales envía 90.000 barriles de petróleo diarios a cambio de la
participación de 20.000 médicos cubanos y otros miles de maestros y
entrenadores deportivos en las misiones sociales Róbinson
(educación) y Barrio Adentro (salud), mientras Pdvsa
y el Banco Industrial de Venezuela abrieron oficinas en La Habana con 400
millones de dólares para impulsar los negocios en la isla y para repotenciar las refinerías de Matanzas y Cienfuegos.
En el área caribeña creó Petrocaribe
para suministrar 200.000 barriles diarios de petróleo a varios países; en
República Dominicana firmó un acuerdo para construir un aeropuerto
internacional; en Brasil planea construir la refinería de Pernambuco con Petrobras, por un valor total de 2.500 millones de dólares,
y construir el gasoducto entre los dos países, por 18.000 millones de dólares.
En Argentina compró 950 millones de dólares en bonos de deuda; adquirió la
petrolera Rhasa, por 100 millones de dólares; planeó
la construcción de un gasoducto de 6.000 kilómetros de longitud entre los dos
países, y firmó un convenio de cooperación de la industria naviera por 350
millones de dólares. En Ecuador compró 300 millones de dólares en bonos de
deuda, en Paraguay firmó para invertir en una refinería, en Uruguay construirá
otra y compró 176 estaciones de servicio.
La lista de sus operaciones no excluye a Colombia, donde está en proceso de
comprar la totalidad de la empresas Monómeros Colombo-Venezolanos, y acordó con
el presidente Álvaro Uribe la construcción del gasoducto que conectará el
departamento de La Guajira con el estado Zulia, por 230 millones de dólares, a
tiempo que comenzaron los contactos para un poliducto
que saldrá de Venezuela al Pacífico por territorio colombiano.
Respetabilidad
internacional
Con todo ello, el vituperado Chávez se convirtió en
este año en cercano aliado de personajes de respetabilidad internacional como Luiz Ignacio Lula da Silva, el presidente obrero brasileño
a quien opacó; Néstor Kirchner, de Argentina; Tabaré Vásquez, de Uruguay, y hasta Álvaro Uribe. Y en
enemigo declarado de quienes se interpusieron en su camino, como el presidente
mexicano Vicente Fox, con quien cruzó sables tras
llamarlo 'cachorro del imperio' por haber defendido en la cumbre de Mar del Plata
al Área de Libre Comercio de las Américas, el
proyecto del presidente norteamericano George W. Bush.
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Hugo Chávez con siguió que sus ideas de integración política para el continente fueran escuchadas a lo largo y ancho de su geografía |
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Su
ofensiva diplomática corre en paralelo con la que ha lanzado para ejercer su
influencia sobre movimientos sociales y políticos del continente, que incluyen
al Partido de la Revolución Democrática de México, que podría ganar las
elecciones del año entrante con Andrés Manuel López Obrador; el sandinismo de Daniel Ortega, que podría conquistar la
presidencia de Nicaragua el año que viene, y Ollanta Humala, el ex militar peruano que se perfila como la
sorpresa electoral del año 2006 en Perú. La victoria de Evo Morales en Bolivia
es la demostración de que lo sembrado por Chávez en ese campo comienza a dar
frutos.
Chávez ha logrado llevar fuera de sus fronteras sus ideas de un modelo
alternativo de desarrollo basado en cooperativas, la distribución de tierras,
un capitalismo con rostro humano en un marco normativo propio, un proyecto
político original, no copiado de Europa. Las proclamas de Morales para la
'refundación' de Bolivia marchan en ese sentido. Chávez buscaba posicionarse
como un líder del multipolarismo y del antineoliberalismo en el mundo, y lo ha conseguido.
Estados Unidos
Chávez
también se convirtió en personaje mundial porque es el único líder que le canta
la tabla a George W. Bush.
El Presidente venezolano se inventó un conflicto con Estados Unidos, que no
tiene una razón de fondo. A la actual Casa Blanca la han criticado, sobre todo
la oposición venezolana, por no haber sido más audaz y proactiva
en una política para desestabilizar a Chávez. Algo como lo que hicieron contra
Allende, en Chile, en 1973, o contra Jacobo Arbenz,
en Guatemala, en 1954, o en tantos otros lugares.
Eran otros tiempos. Hoy Bush tiene que ajustarse a
los valores reinantes que obligan a respetar la democracia. Y si bien Chávez ha
concentrado el poder, los partidos tradicionales están acabados, y la
oposición, reducida a su mínima expresión, se ha cuidado de no cruzar la
frontera de la democracia formal. Chávez ha consolidado su poder a punta de
ganar elecciones. Tampoco ha expropiado compañías gringas. La pelea entre Caracas
y Washington es un globo que a Chávez le ha servido para alimentar sus bases y
para apuntarle, en el nivel internacional, a la simpatía de los cada vez más
numerosos críticos de la actual política exterior estadounidense.
El ex comandante ha aprovechado los abusos de Bush en
Irak para amenazar con llevarlo ante la Corte Internacional de Justicia como
criminal de guerra. En septiembre, el presidente venezolano recibió la mayor
ovación de la Asamblea General de Naciones Unidas con un explosivo discurso en
el que sostuvo que Estados Unidos es un "Estado terrorista". Y no
pierde oportunidad para denunciar el silencio de Washington ante el exabrupto
del pastor televangelista Pat
Robertson, quien dijo en un sermón que a su país le
resultaría más barato matarlo que invadir Venezuela.
Y la retórica agresiva de los voceros norteamericanos le permitió anunciar su
temor de una "guerra asimétrica", y desarrollar, de paso, una milicia
popular, las Fuerzas Armadas Bolivarianas, creada también por su Constitución,
que responde directamente al Presidente bajo la doctrina de la
corresponsabilidad ciudadana en la defensa del país.
Otro
hecho histórico de Chávez se dio este año, cuando no desaprovechó la
oportunidad que le dieron en noviembre, 11 senadores demócratas. Los
legisladores escribieron a las principales distribuidoras de combustible para
pedirles que vendieran a descuento fuel oil de calefacción a las comunidades
más pobres y Citgo, que es una sociedad
norteamericana de propiedad del gobierno venezolano, fue la única distribuidora
que contestó la carta. Como consecuencia, el gobierno de Bush
se vio en la máxima humillación de que un país tercermundista como Venezuela
distribuyera combustible barato a las zonas más pobres de Massachussets y Nueva
York, para regocijo de miles de pobladores.
Como si fuera poco, según comentó The Washington
Post, "Chávez aún no ha comenzado a usar a Citgo
para sus fines políticos". Para entender la magnitud de sus posibilidades,
esa compañía, que Venezuela controla desde 1990, opera varias refinerías en
Estados Unidos con miles de empleados y 14.000 estaciones independientes operan
con franquicias bajo ese nombre. El venezolano controla el 7 por ciento de la
capacidad de refinación de petróleo de Estados Unidos. Chávez tiene a su favor,
de nuevo, que su país es el tercer proveedor de petróleo de Estados Unidos, y
que hace grandes negocios con compañías norteamericanas. Su amenaza de buscar
nuevos mercados, como China, y obligar a Estados Unidos a buscar el crudo en el
más inestable Medio Oriente, no es de poca monta.
Con Colombia
Chávez
salió fortalecido de su enfrentamiento con Álvaro Uribe por el caso Granda si
bien al final del año, con los dos presidentes reunidos en medio de sonrisas en
Santa Marta, quedó evidenciado que el pragmatismo también influye en sus
decisiones.
En efecto, la reunión de hace algunas semanas entre los dos presidentes pareció
demostrar que ambos ya entendieron que son como las dos caras de una misma
moneda, que van a estar frente a frente durante unos cuantos años más, y que el
interés de ambos países pasa por una relación más fluida. Chávez parece haber
dejado atrás la visión simplista del conflicto colombiano que tenía al comienzo
de su mandato, sabe que su proyecto integracionista no puede dejar por fuera a
Colombia, y que sólo por su territorio puede construir el poliducto
para sacar sus productos al Pacífico.
De ahí que algunos observadores auguran que luego de las inversiones podrían
seguir acercamientos aún mayores. Una experta consultada por SEMANA llegó
incluso a vaticinar que el gobierno de Chávez podría ser el más propicio para
resolver los litigios limítrofes. Y que, en su interés por dejar atrás su
antigua simpatía por la insurgencia colombiana, podría incluso propiciar un
diálogo del gobierno colombiano con la guerrilla de las Farc.
El reciente episodio en el que Colombia, en desafío a una vieja tradición, le
negó el asilo a un grupo de militares que participaron en el golpe contra
Chávez en abril de 2002 es muy elocuente sobre la intención de ambos
mandatarios de hacerse pasito y consolidar un matrimonio por conveniencia.
Todo comenzó...
Esta
etapa de Chávez comenzó a mediados de 2004, cuando derrotó a la oposición en el
referendo revocatorio. Su gobierno, acorralado ante una baja de su popularidad
causada por sus desaciertos iniciales, había maniobrado para evitar la
votación. Pero mientras los opositores, confiados en los millones de firmas
recogidas, se desgastaban en la discusión, el Presidente creó los programas
sociales conocidos como las Misiones, que hoy son casi unánimemente reconocidas
como claves en el triunfo de Chávez.
Los programas podrán ser controvertibles, pero el pueblo más pobre de Venezuela
vio en ellas que alguien se preocupaba por sus necesidades. Las misiones
acabaron con las posibilidades de la oposición de conseguir votos entre las
capas de menores recursos, que se volcaron de nuevo hacia su ídolo. Populismo o
no, muchos de los favorecidos, por ejemplo con la Misión Barrio Adentro, no
habían visto jamás un médico de carne y hueso. De modo que a ellos poco les
decían las críticas de que los médicos cubanos eran agentes del "castrocomunismo", como clamaba una oposición que se
veía sin propuestas. Las misiones se convirtieron, además, en los programas de
mostrar en el mundo. Muchos medios, sobre todo europeos, comenzaron a llegar
para ver de primera mano la manifestación más impresionante de la revolución
bolivariana.
Los empresarios, siempre pragmáticos, entendieron que la victoria en el
referéndum garantizaba que habría Chávez para rato y le quitaron el apoyo a la
oposición, que quedó en la más absoluta orfandad. La derrota de ésta fue doble
porque no sólo quedó desarticulada, sino que dejó a su enemigo consolidado y en
posición de seguir adelante con su proyecto, apoyado en los precios del
petróleo, que pasaron de 15 a 40 dólares el barril.
Chávez ya tenía claro que iba a usar el crudo como arma política internacional
desde cuando se hizo con el control de Pdvsa, la
petrolera estatal, como resultado del fracaso del paro nacional de diciembre de
2002. No es una coincidencia que luego del referéndum hubiera nombrado como
ministro de Relaciones Exteriores a Alí Rodríguez, ex secretario general de la Opep y hasta entonces presidente de Pdvsa,
es decir, a alguien que conoce a fondo el mercado mundial del petróleo.
El Presidente venezolano acrecentó su influencia internacional, y su proyecto
está siendo seguido con emoción por quienes ven en sus movimientos un interés
altruista. Pero acrecentó su tinte autoritario en los asuntos de su país, como
se vio en el proceso por el asesinato del fiscal Danilo
Anderson, en el que la escogencia de los acusados
parece tener algo de política.
Sin embargo, el siempre contradictorio Chávez apenas avanzó en su revolución
socialista con algunos tímidos intentos de expropiación de hatos ganaderos y
con la ocupación un par de silos abandonados para instalar industrias de
gestión comunitaria. Telesur, su proyecto estrella de
comunicaciones, diseñado para hacer contrapeso a CNN, no resultó ser el
vehículo de exportación subversiva que se esperaba, y en los pocos países que
se ve dicen que es una estación más bien moderada. Su tan vituperada ley
mordaza, que silenciaría al periodismo, no lo ha hecho. Más bien los grandes
medios, con la excepción notable del diario El Nacional, han comenzado a
convivir con él.
Algunos opositores señalan con cierta ingenuidad que el retiro de la oposición
de las elecciones a la Asamblea General deslegitimizará
al régimen venezolano, y que, en todo caso, la votación chavista
fue de menos del 20 por ciento, por lo que en las elecciones presidenciales de
diciembre Chávez sería vulnerable. Pero lo más probable, en opinión de expertos
consultados por SEMANA, es que el año entrante predomine un Chávez en proceso
de profundizar su revolución, armado con sus 33.000 millones de dólares de
reserva, pero al mismo tiempo en busca de diálogo con la oposición, entre otras
cosas porque su proyecto de democracia participativa requiere la presencia de
todas las tendencias.
El Presidente todavía tiene los medios para asegurarse el apoyo popular sin
que, por otra parte, aparezca una figura capaz de hacerle contrapeso en las
urnas. Chávez dice que estará en el poder por 14 años más, pero con la Asamblea
totalmente en su poder, ya se habla de autorizar la reelección indefinida.
Por eso el peor enemigo que tiene Chávez, y el único que aparece a la vista, es
Chávez mismo. El exceso de confianza y las ansias de poder lo pueden llevar a
cruzar una línea que hasta ahora sólo ha pisado y que marca el ingreso al
territorio del autoritarismo abierto. Eso, en estos tiempos, es jugar con
candela. También habría que ver hasta dónde funciona el cañazo de una inversión
social sin estrategia, coyuntural y sólo sostenible si el petróleo sigue caro.
O si las expectativas de los sectores populares se satisfacen. El hecho de que
Chávez haya logrado someter a la oposición a su más mínima expresión, no
necesariamente significa que tenga una fórmula que funciona hacia el futuro. Lo
más probable es que se le presenten escollos que lo obliguen a reinventarse a
sí mismo y a buscar nuevos aliados y escuderos. Es lo que ha hecho desde
diciembre de 1998, cuando ganó las elecciones por primera vez