Una voz
razonable para América Latina
Por Marcela Sanchez
The Washington Post
Es raro el funcionario estadounidense que por estos días
hable públicamente sobre América Latina sin obsesionarse con el Presidente
venezolano Hugo Chávez y sugerir una siniestra amenaza de la izquierda en la
región.
Pero la semana pasada, Thomas Shannon,
secretario asistente de estado para asuntos del Hemisferio Occidental, demostró
un momentáneo triunfo de la razón sobre el miedo al rebatir la retórica tradicional
en una entrevista con el diario español El País. Le dijo al diario que el
ascenso de líderes populistas con inclinaciones socialistas no debiera ser
visto como una amenaza. En cambio, agregó, Washington debiera "reconocer
que esta forma de expresión política es válida y respetable, y hay que ayudar a
crear estructuras que la canalicen de forma positiva."
Shannon, un
diplomático de carrera que se posesionó en octubre, dijo que se exagera la
influencia de Chávez en la región, contradiciendo a quienes alegan que el líder
venezolano maquinó el triunfo de Evo Morales en Bolivia. Además, dijo, "el
gran desafío al que nos enfrentamos en la región no es Venezuela o Chávez, sino
la pobreza, la marginación y la incapacidad de algunas sociedades de proporcionar
los bienes y servicios que la gente espera".
Lamentablemente, las palabras de Shannon
terminaron eclipsadas por los excesos verbales tan comunes en esta capital.
En una audiencia del Senado sobre las amenazas mundiales
a Estados Unidos la semana pasada, John Negroponte, director nacional de inteligencia, alertó sobre
la alianza de Chávez con partes del "eje del mal" del Presidente Bush, diciendo que lo que Chávez busca es "estrechar
relaciones económicas, militares y diplomáticas con Irán y Corea del
Norte". Ese mismo día, el Secretario de Defensa Donald
Rumsfeld, en el Club
Nacional de Prensa, retrocedió hasta el originario eje del mal cuando anotó que
Chávez "fue elegido legalmente - tal como lo fue Adolfo Hitler".
El peligro no termina con Chávez. De hecho, para Rumsfeld las elecciones de otros líderes populistas en la
región como la de Morales "son claramente preocupantes". Apenas un
día antes, el Representante Connie Mack (R-Fla.), advirtió también
acerca de la amenaza de "una cadena global de televisión para terroristas
y otros enemigos de la libertad" fruto de una nueva alianza entre la
cadena árabe Al-Jazeera y Telesur,
cadena con sede en Caracas y financiada por Venezuela, Argentina, Cuba y
Uruguay.
La nueva amenaza del sur no es nueva en realidad. Hace
cuatro años la gran amenaza era el candidato presidencial brasileño de
izquierda Luiz Inácio Lula
da Silva. Algunos observadores temían que reverterían las reformas de mercado y
conspiraría contra Estados Unidos en compañía de Chávez y el líder cubano Fidel
Castro. "Existe una posibilidad real", dijo Henry Hyde,
presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara, durante la
campaña presidencial de Lula, "que Castro, Chávez y Lula da Silva
construyan un eje del mal en las Américas que podría
pronto tener armas nucleares y misiles balísticos".
Después de tres años de Lula, el mundo ha visto a Brasil
compitiendo con Washington y otras naciones industrializadas no como una
amenaza militar sino como lo que es: una de las más grandes economías emergentes
del mundo interesada en conseguir mejores términos en comercio internacional.
Curiosamente, fue otro diplomático de carrera, la
embajadora estadounidense en Brasil Donna Hrinak, quien ayudó a calmar la retórica del miedo al salir
en la defensa de Lula. Una vez la historia de su vida se conoció - la historia
del sueño americano por excelencia como la describió Hrinak
- se hizo más difícil considerar a Lula simplemente como una amenaza de la
izquierda.
El punto aquí no es que Chávez es un Lula malentendido o
que sus intenciones son puramente nobles. El punto es que las palabras son
importantes y que caricaturizar a Chávez y al progreso de la izquierda en la
región no le sirve a nadie. Las palabras de Rumsfeld,
Negroponte y los demás son tan ridículas como las de
Chávez mismo cuando llama al Presidente Bush
"Mister Danger" o, como lo hizo en el fin
de semana, cuando dice que Hitler es "un niño de
pecho ante Mister Danger".
Las palabras de Shannon,
carentes de las pasiones que generan buenos titulares, son la mejor base para
robustecer la política exterior estadounidense hacia la región. No fortalecen
la posición de Chávez y no ofenden a las personas que escogen al líder
venezolano por la esperanza que continúa representando para ellos.
Las palabras de Shannon
demuestran además una comprensión más constructiva de lo que está en juego en
la región en un momento de deterioradas relaciones norte-sur. Pero lo que es
más, coinciden con las de muchos líderes latinoamericanos que han insistido
hace tiempo que Chávez claramente no es la voz razonable que la región necesita
en este momento.